Nuestro hombre
Juan Mónaco
A puro esfuerzo y concentración, el joven tenista no paró este año de escalar posiciones en el ránking mundial de la ATP (ya está en el puesto 32°). Como si fuera poco, entre tanto viaje y torneo, se las ingenió también para conquistar a la bonita y codiciada actriz Luisana Lopilato.
En momentos en que muchas figuras del tenis local (Guillermo Coria y Gastón Gaudio) coquetean con la idea del retiro, que otros parecen alejarse de los primeros puestos del ránking -caso David Nalbandian-, y que la Copa Davis continúa en la lista de pendientes para la vitrina nacional, no puede ser tomada más que como buena noticia la irrupción de una cara nueva en el tenis argentino. Ese rostro, para colmo, tiene muchos de los atractivos que caracterizó a la generación que lo precede: lindas facciones y una expresión entre altanera y tímida, una conjunción que cosecha suspiros en el jet set local.
Con tan sólo 23 años, de hecho, Juan Mónaco se adelantó en tiempo a sus colegas y además de alzarse con sus dos primeros torneos (Buenos Aires y Portschach, Austria) ya conquistó el corazón de la bellísima Luisana Lopilato. Sobre la forma en que lo logró, el joven calla bastante y se limita a contar que se conocieron en un evento, que él no hizo ningún approach y que apenas los presentaron se “creó una muy buena onda”. Si alguien necesita mayores precisiones, sí, es un hecho que al muchacho de Tandil no le agradan las preguntas sobre su novia y menos aún que se mencione el tema de su religión: “¿Quién te dijo que es evangelista?, ¿de dónde lo sacaste? Yo no hablo de religión con ella y menos lo voy a hacer acá”, responde lacónico. Lo curioso, en todo caso, es que la fobia que el joven demuestra con los grabadores no se circunscribe a este tema y, si en principio una pregunta podría parecer conciliadora, en pocos segundos él se encarga de demostrar que no lo es. Por suerte, el enojo no le dura demasiado.
-Qué te significó empezar como Guillermo Vilas, ganando tu primer torneo en Buenos Aires? ¿Sentís que podés llegar a acercarte a lo que él logró?
-Y… (resopla) ¡Es muy embromado que me compares con Vilas, man! Se dio esa coincidencia, pero de ahí a que pueda tener una carrera como la de él… Ojalá, Vilas es un mito para la Argentina.
-Entre la generación actual hay varios casos de tenistas que parecía que iban a llegar a más, pero que se quedaron en el camino, ¿por qué crees que pasa?
-Mirá, cada jugador es un mundo diferente. Hay quienes se dejan influenciar demasiado por lo de afuera, sobre todo por el periodismo. Por mi parte, yo me siento tranquilo y trato de no presionarme demasiado.
-Tu mejor momento profesional coincide con el inicio de tu relación con Luisana. ¿Es pura coincidencia o estar enamorado te ayuda a estar mejor parado en una cancha?
-La verdad es que venía trabajando y jugando así hace un año. Te soy sincero: me parece que la aparición de Luisana es más una coincidencia que otra cosa.
-¿Cómo te llevás con su ambiente?
-Bien. Entiendo que es su trabajo, lo mismo que Luisana entiende mis viajes y entrenamientos… Así como ella no podría decirme “no vayas a Hamburgo” yo no puedo pedirle que no se bese con su compañero de novela…
-Tu amigo y colega, Mariano Zabaleta, incursionó con éxito en la televisión con su programa Tenis Pro. ¿Te tienta esa idea?
-No, quizá el día de mañana, pero ahora estoy dedicado a mi carrera y no quiero distraerme con nada. Esta carrera es muy corta y hay que aprovecharla en un ciento por ciento.
-¿Cuál es tu máximo sueño a nivel profesional?
-Ganar Roland Garros, sin duda.
-Creí que me ibas a decir la copa Davis…
-La Davis la pongo en segundo lugar, ahí nomás. Argentina nunca ganó y sería bárbaro estar en el equipo que lo logre por primera vez…
-¿Y en lo personal con qué soñás?
-(Piensa largo y concluye) La verdad, mis metas son puramente tenísticas.
Todavía soy joven para pensar en familia y otros asuntos.
-Por último, Juan, ¿cómo se hace para ganarle a Rafael Nadal?
-(Sonríe) Con una 22 en el bolsillo y, en el cambio de lado, pegarle un tiro (risas). No, hablando en serio, creo que yo tendría que estar en el mejor día de una buena racha y él, en el momento exactamente opuesto.
Y esta la parte impresa, aunque no se puede leer lo que pone





